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Perfíl Biográfico
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| Primeros
años
Artémides Zatti nace
en Boretto, pueblo de la provincia de “Regio-Emilia” (Italia), el 12 de
Octubre de 1880. Es hijo de Luis Zatti y Albina Vecchi, campesinos. A los
nueve años de edad, Artémides comienza a afrontar la vida
con su trabajo fuera de casa. A los 17 años llega a Bahía
Blanca como inmigrante, con sus padres y hermanos. Distribuye su tiempo
entre el trabajo (mozo de hotel, obrero en una fábrica de baldosas),
la familia y la parroquia. En aquel entonces es párroco de
Bahía Blanca el salesiano P. Carlos Cavalli, hombre piadoso y de
una bondad extraordinaria. Artémides lo elige como su director espiritual.
Joven aspirante Los del aspirantazo son años
muy duros para Artémides, por ser mayor que sus compañeros
y por los pocos estudios que ha hecho. Pero todo lo vence con su
voluntad tenaz, su clara inteligencia y una sólida piedad.
Perseverancia Vuelto a casa, manifiesta
su decisión de morir como religioso de Don Bosco. Aconsejado por
el P. Cavalli, en 1902, va al Hospital misionero de Viedma. Trabaja como
ayudante del P. Evasio Garrone. Allí el Padre “dotor”, detecta el
grave estado del joven y descubre sus virtudes: ¡podría ser
su sucesor!
Enfermero, Farmacéutico y Director del Hospital Progresa en el arte de curar
y en la fe al lado del P. Garrone. Muerto éste, en 1911, asume,
al principio en parte y desde 1913 totalmente, la conducción del
Hospital. En 1917 obtiene en la Universidad de La Plata el título
de “Idóneo en Farmacia”, posteriormente el de Farmacéutico.
Desde 1911 a 1951, dedica cuarenta años de vida consagrada al servicio
de los enfermos y particularmente de los más pobres.
El “enfermero santo” de la Patagonia Su celo de apóstol
de la caridad lo mueve a visitar día y noche, con su legendaria
bicicleta, a los necesitados de Viedma y Patagones. De toda la Patagonia
le llegan enfermos que él recibe gratuitamente. Cada enfermo es
Jesús que llega, y así es recibido. Cuando lo introduce al
Hospital, pregunta a las enfermeras: ¿No tienen una camita para
Jesús? Dios, sirviéndose de almas generosas, nunca le deja
faltar medicinas, alimentos y ropa para todos.
Sus virtudes Durante toda su vida Don
Zatti cultiva con amor y perseverancia todas las virtudes. Pero en él
resplandecen con brillo especial, la caridad incansable, la humildad, la
pobreza llena de confianza en la Providencia y la alegría sincera
del que vive la unión con Dios. Ante llamados nocturnos, rechaza
excusas: “Uds. tienen obligación de llamarme, yo de venir”. El centro
de su vida espiritual es Jesús Eucaristía, y la Santa Misa
el momento fuerte de su concentración. Pero el aspecto más
edificante de su fe lo constituye la sumisión a la voluntad de Dios.
Dificultades Más allá de
las grandes y difíciles pruebas que tuvo que afrontar, como el tener
que renunciar a su ideal sacerdotal, siendo administrador del Hospital,
sufrió humillaciones de parte de colegas demasiado enérgicos
e intransigentes, de algún personal profesional, de parte de superiores
que le prohibían la expansión de la obra y, a los 61 años,
el asistir a la demolición total de su querido hospital, en 1941.
No faltaron las innumerables pequeñas pruebas de todos los días
que no son menos lacerantes para el alma.
Su muerte Ocurrió el 15 de Marzo
de 1951. Ocho meses antes Don Zatti conoce el mal que lo afecta, cáncer
de hígado. Lo acepta serenamente y sigue trabajando hasta la muerte.
Con fe y entereza de ánimo pide el Sacramento de la Unción
de los Enfermos y el Santo Viático; contando todavía con
algunas fuerzas prepara su propia acta de defunción.
La herencia La herencia que nos dejó
Don Zatti es su testimonio cristiano que nos parece actualísimo
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