|
DON
ZATTI - Como si fuera una entrevista
|
|
| - | |
| - ¿A
qué se debe que lo llamen el pariente de los pobres?
D.Z. Bueno, no es para tanto; pero se debe creo, al trabajo y acción a favor de los pobres y enfermos de la comarca, desde nuestro hospital San José. El primero en bautizarme así fue un buen paisano, recuerdo que me dijo: ''Zatti: usted es el pariente de todos lo pobres”. - ¿Cuál es su profesión? D. Z. De profesión enfermero pero ese es ni modo de realizar mi vocación de Salesiano coadjutor. Es decir Dios me regaló el don de la vida consagrada en la familia de Don Bosco. - Nos han llegado comentarios de sus muchas deudas; si es así ¿cuál es la causa y qué lo lleva a no dedicarse a otra tarea? D. Z. ¿Deudas?, quién no tiene deudas. ¡Todo lo hemos recibido gratuitamente! La gran deuda es con el amor de Dios, que no hace diferencias. Si no me dediqué a otra tarea es porque esto que hago no es obra mía. Soy un simple instrumento en esta obra de Dios a favor de los pobres. Somos religiosos elegidos por Dios para ser signos de su bondad y misericordia. En cuanto a los gastos, siempre hubo desproporción entre las entradas y las salidas. Te doy unos ejemplos: En 1943 recibí un subsidio de 25. 000 pesos anuales, las entradas ascienden a 36.840 pesos; pero los gastos son 63.558 pesos. En la crisis de 1931 fue muy difícil no tener deudas, las entradas son de 35.112 pesos; pero las salidas continúan en progresión, ascienden a 99.542 pesos. La serenidad ante las deudas surge de la certeza de la fe, la Providencia es rica y nunca se deja ganar en generosidad. - Hablando de deudas y administración, ¿cuál es su opinión del dinero? D. Z: "El dinero sirve para hacer el bien, o no sirve para nada” Ya nos los dijo Jesús: "No acumulen riquezas en la tierra..." No se puede servir a Dios y al dinero - ¿Cuánto era la cuota que pagaban los enfermos por internación? D. Z: El reglamento es sencillo: "el que tiene poco, paga poco; el que no tiene nada no paga nada”. "La Providencia es rica”. Sigue reflexionado nuestro
enfermero:
- Cuentan que en su juventud tuvo un serio problema de salud ¿de qué se trató? D. Z. Me contagié de tuberculosis, cuidando a un joven sacerdote en Bernal. A raíz de esta enfermedad fui a Viedma por el clima, más favorable y la experta atención del Padre Garrone, director del hospital. Este buen sacerdote me ayuda y me propone hacer una promesa a María Auxiliadora, que si me sanaba tenía que dedicar toda mi vida al cuidado de los enfermos. Así lo hice, y aquí esto y feliz de ser útil al proyecto de Dios en el cuidad de los enfermos. - Su familia es de origen Italiano, ¿qué los trajo a estas tierras? D. Z. Sí, de la región Reggio Emilia, del pueblo de Boretto a orillas del río Po. El motivo de venirnos a estas tierras fue la pobreza en nuestra patria, y la búsqueda de mejor porvenir. Teníamos un tío aquí en Argentina, él insistió a mis padres para que viniéramos. Así es que nos radicamos en Bahía Blanca, calle Lavalle 327. Mi padre trabajó como placero municipal y luego con los hermanos Tissot, que tenían una fábrica de baldosas. - ¿Cuándo y cómo se encontró con Don Bosco y la acción de los salesianos? D. Z. El 13 de febrero llegamos a Bahía Blanca. Al poco tiempo nos relacionamos con la parroquia. Allí conocí al Padre Carlos Cavalli, con quién desde el comienzo nos entendimos Él fue mi confesor y director espiritual. En mi tiempo libre acudía con gusto para ayudarlo en la sacristía. El me alcanzó una biografía de Don Bosco, que leí con gusto. En la comunidad con el P. Carlos estaba como director el Padre Borghino, el Padre Brentana, catequista, cuya alegría contagiaba; y el laborioso coadjutor Carlos Rosetti. - ¿Qué vio en ellos que quiso seguir sus pasos? D. Z: La lectura de la vida de Don Bosco, el testimonio alegre el trabajo pastoral de esos hombres, me llevo a cuestionarme y sentir el deseo de ser uno de ellos. Ya lo ves, aquí estoy, con la ayuda de Dios y de mis hermanos. - ¿Qué le dijeron sus padres? D. Z. Después de pensarlo, dijeron: "Si es voluntad de Dios, que siga nomás el llamado divino. Que mire bien lo que hace". En esa oportunidad recuerdo lo que dijo el Padre Carlos: "Artémides será fiel hasta la muerte." - En su trabajo con los enfermos ¿qué es lo que más le costaba o sufría? ¿Tuvo miedo? D. Z. Lo que más me costaba Y hacía sufrir es que no siempre podía ayudar a tantos enfermos. - En su trabajo, ¿estaba sólo?, ¿con quienes compartía ese proyecto del Hospital San José? D. Z. Cuando llegué a Viedma en 1902, me encontré con mis hermanos salesianos. La comunidad en gran parte estaba formada por hermanos coadjutores, algunos formados directamente por Don Bosco en Turín. El director del hospital era el Padre Evasio Garrone, el Padre Doctor como lo llama la gente. Además de mis hermanos salesianos, están los médicos, las enfermeras y otros colaboradores. - Hablando de Hospital ¿es verdad que lo derrumbaron para hacer un palacio episcopal? D. Z. En aquel momento dije, rogué por favor “que no me hagan hablar". Dios aprieta pero no ahoga. Recuerdo que así le escribí a mi hermana sobre este hecho: "Habiendo sido derrumbado el hospital en el centro, al lado de la iglesia, para dar lugar al palacio episcopal, nos hemos trasladado en cuerpo y alma a la Escuela Agrícola, en donde estamos como en el paraíso terrenal y cuando se hayan hecho las obras que están proyectadas y que en estos días han de empezarse, no habrá hospital ni sanatorio que nos gane!!!". - ¿Cómo sintetiza esa
no fácil experiencia sobrellevada en el silencio?
- Entre sus variadas experiencias a favor de los pobres, se cuenta que también paso alguna noche entre rejas ¿Lo avergüenza ese hecho? D. Z. Así es mi buen amigo. En agosto de 1915, trajeron al hospital al imputado Patricio Cabrera. Sucedió que este amigo "entre gallos y media noche", se fugó del hospital. Asumí la responsabilidad del hecho, y fui conducido por dos agentes a la policía. Así llegué a la cárcel de Viedma. Esos cinco días en la cárcel, fueron para mí, días de vacaciones lo que me permitió regresar descansado y con más ganas a mi tarea. ¿Me pregunta si me avergüenza este hecho? en absoluto. Es un motivo más para sufrir como Jesús y mis hermanos enfermos y más pobres. - Entre sus muchos pacientes, ¿a
quiénes recuerda de modo especial?
- ¿Cómo es el horario de su jornada? Me levanto a las 4,30 ó 5 horas. Lo primero que hago es encender el fuego. Después voy a la iglesia, meditación con mi comunidad, la Misa. Con gusto dirijo las oraciones. Después a la sala de los enfermos. Disfruto despertarlos cada mañana. Me acostumbré a invitarlos a bendecir a Dios, y enseguida les pregunto ¿respiran todos? A las 12 en la mesa con los hermanos, procuro ser muy puntual, me ayuda el ser encargado de tocar la campana para llamar a mis hermanos. Una pausa jugando a las bochas con los convalecientes. A las 14 horas salgo en la bicicleta hasta las 16 para visitar enfermos, y buscar ayuda. A las 18 lectura espiritual, que con gusto dirijo y ayudo en la bendición con Jesús Eucaristía. Mientras los pacientes cenan, voy a la farmacia. Voy a animar la oración de la noche y las buenas noches a los enfermos. Entre las 19 y las 20 suelo responder correspondencia. A las 20 ceno con la comunidad. Después doy una recorrida por las salas. Si me lo permiten tengo un tiempo para lecturas y a la cama. - ¿Cómo fue su relación con los médicos? D. Z. Es pícara esta pregunta. Puedo decir que fue creciendo y mejorando en la medida que más nos conocíamos. En todo trabajo no estamos exentos de problemas tensiones, momentos de incomprensión. Es desde la búsqueda del bien y la verdad que todo tiene solución. - Su entrega no es exenta de dificultades ¿en qué se sustenta? ¿Cuál es el secreto para bendecir y no maldecir? D. Z. "Hay que saber tragar amargo y escupir dulce". El secreto está en no ponerse en el centro de todo y saber reírse en primer lugar de uno mismo. Es Dios que transforma y sana, anima y nos ama siempre. Seguros de ese amor tan grande como no sonreír, también en las dificultades. El momento más importante para mi jornada es la Eucaristía, allí me fortalezco y renuevo para amar y entregarme por amor a Jesús a todos mis hermanos. - Su acción no se reduce al hospital, se extiende a toda la zona ¿qué nos dice de sus andanzas en la bicicleta? D.Z. Cuando la compre en el año 1912, me escribió el P Pagliere diciéndome: "cuida de no romperte la nariz". Los pobres enfermos no todos podían llegar hasta el hospital, era necesario llegar hasta sus casas, para aliviar su dolor, y allí partía con mi inseparable bicicleta. Más de una vez me di algún buen porrazo. Montado en mi bicicleta, tantas veces me sentía un Quijote sureño, luchando contra el viento y soñando utopías a favor de mis enfermos. P. Pedro Narambuena, sdb. |
| - |