DON ZATTI - Como si fuera una entrevista...con el Coadjutor
 
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Don Zatti, usted me podrá decir ¿qué significa eso de coadjutor?

D.Z: No te asustes por el término. Viene del latín, significa: ayudar, llevar con. Es decir un modo de servir y de ayudar a Jesús a tiempo pleno.

¿Es un invento de Don Bosco?

D.Z: No. Es muy antigua en la Iglesia esta forma de vivir la consagración religiosa sin ser sacerdote. A lo largo de la historia recibió distintos nombres, hermanos legos, conversos, coadjutores, laicos consagrados, etc.

¿Qué es lo específico del coadjutor? 

D.Z: Es ser laico consagrado por Dios, para hacer presente su Reino, en medio de la gente. Es una manera de vivir el seguimiento de Jesús pobre, casto y obediente, en una comunidad, al servicio de la misión. En mi caso, la misión salesiana. 

¿Qué diferencia tiene con el cura? 

D.Z: Es una vocación específica, como lo es el sacerdocio. La diferencia está en que uno es laico y el otro recibe el sacramento del orden para servir a los hermanos desde el ministerio sacerdotal. La misión es común, igual que el proyecto de vida. 

¿Por qué no se hizo sacerdote? 

D.Z: Fue mi primer inquietud vocacional, entre los 19 y los 20 años, cuando ayudaba al Padre Carlos Cavalli. Pero vos sabés que Dios tiene sus caminos para cada uno, y por un grave problema de salud me hizo ver el proyecto que tenía preparado para mí; me hizo descubrir esta hermosa vocación de coadjutor. En el camino de la fe, uno va descubriendo que es Dios quien elige, no somos nosotros. La iniciativa y el don de la vocación viene de Dios; desde nuestra libertad depende aceptarlo, responder o seguir nuestro propio proyecto.

¿Cómo es la preparación? ¿Estudian lo mismo que los sacerdotes? 

D.Z:: Nuestros estudios, están en sintonía con la misión salesiana y nuestra vocación laical. Los nuestros, por lo general, miran más a profesiones. Los del sacerdote a su ministerio y la formación de las conciencias. Ambos tenemos que prepararnos, formarnos bien para ser idóneos y servir mejor a Jesús en los hermanos a los que él nos envía. 

¿Es verdad que estudió para farmacéutico?

D.Z: Aunque no lo creas me diplomé en farmacia por la Universidad de la Plata. Estudié con gusto y esto, unido a mi experiencia de trabajo con los enfermos, me permitió ejercer con profesionalidad mis tareas en el hospital. Estoy rodeado de otros hermanos coadjutores que estudiaron música, carpintería, mecánica, magisterio, bellas artes, etc.

¿Cuál es lo específico de su trabajo?

D.Z: Lo especifico es nuestro "ser laicos consagrados", y como tales servimos a la Iglesia y la misión salesiana desde los más diversos ámbitos profesionales y educativos. Somos esencialmente educadores de los jóvenes con el estilo y el espíritu del corazón oratoriano de Don Bosco. Nuestra espiritualidad es lo cotidiano vivido desde Dios. 

¿Un coadjutor pude ser director espiritual? 

D.Z: Estamos y caminamos con los jóvenes para llevarlos el encuentro de Jesús resucitado, es lo más hermoso y lindo. Claro que podemos ayudar y orientar a otros en el camino de maduración en la fe. En el hospital muchas veces me sentí consejero espiritual, no solo de los jóvenes sino también de enfermeras y médicos con los que compartía el trabajo profesional. Jesús me permitió orientar hacia la vida religiosa a varias de las enfermeras. No sé si ustedes habrán conocido a la Srta. María Danielis o a la Srta. María Luisa Picarel y también a mi sobrina María Elisa.

¿Qué es lo más lindo de su vida de coadjutor?

D.Z: No es tan fácil responder. Son muchas las alegrías y experiencias lindas que Jesús me ha regalado y permitido vivir. Una de ellas es el estar muy cerca de los enfermos, de los más pobres. Poder ayudar y socorrer al que más necesita, me llena de alegría. Igualmente disfruté mucho de la vida fraterna. Por eso procuro estar en comunidad en los momentos fuertes de familia: oraciones, misa, comidas; comparto también sueños y las dificultades por servir a Dios.

En la vocación salesiana ¿cómo es la relación entre ustedes y los sacerdotes?

D.Z: Es bueno tener presente que la vocación salesiana es una sola. Se la puede vivir de dos modos muy distintos y complementarios. No es uno más importante que el otro. Una comunidad donde falta uno de los dos, decimos que, según el carisma de Don Bosco, no está completa. La relación es de hermanos, compartimos todo, y nos ayudamos cada uno desde su vocación a realizar el proyecto educativo y evangelizador de nuestro Fundador.

¿Los coadjutores también son enviados a las misiones? 

D.Z: Por cierto. Don Bosco, entre los diez salesianos que envió en la primera expedición misionera a la Argentina, cuatro eran hermanos coadjutores. El primero que llegó a la Patagonia fue el coadjutor Luis Luciani (1880) y le siguió el coadjutor Carlos Audisio (1881), muy buen músico y zapatero. Desde entonces seguimos recibiendo y enviando coadjutores a las misiones, como Ramiro Gaggiotti en Etiopía.

Hoy ¿hay vocaciones de hermanos coadjutores?

D.Z: Sí. Es un regalo de Dios a la Iglesia y a los jóvenes. Él que sigue llamando a muchos a seguir este estilo de vida. El laico consagrado tiene un hermoso campo de trabajo y de presencia entre los muchachos y la gente pobre. Comparte de cerca las preocupaciones y esfuerzos por transformar esta realidad, aportando la levadura del Evangelio. En algún momento no todos entendieron bien esta forma de seguir a Jesús. 
 

P. Pedro Narambuena, sdb.

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