“DIOS MÍO QUIERO AMARTE Y SERVIRTE TODA MI VIDA: 
 
TE DOY MI ALMA, MI CORAZÓN TODA MI VIDA”
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1891
Laura del Carmen Vicuña, nace en Santiago (Chile), el 5 de abril: hija primogénita de José Domingo y de Mercedes Pino.
Huérfana o abandonada por su padre, a los nueve años deja Chile junto a su mamá y a su hermanita Julia Amanda, y se traslada a la Argentina en una caravana que entra por el norte del Neuquén, cumpliendo con estas etapas: Ñorquín, Las Lajas, Chapelco, Junín de los Andes.
La familia sufre una historia de pobreza y marginalidad, de exclusión y migraciones
1899
La familia llega a Junín de los Andes y es recibida para trabajos domésticos en la estancia “Las Mercedes” de Mariano Fosbery. Es aquí donde, al parecer, conocen a Manuel Mora quien invita a Mercedes a vivir con él. En breve tiempo, Mercedes y sus hijas se trasladan a la casa de Mora junto al río Quilquihue donde éste era propietario de un almacén de ramos generales. A poco tiempo la situación se torna muy difícil porque éste personaje poderoso, orgulloso, violento hace imposible la convivencia. 
Frente a esto la madre decide solicitar al colegio la admisión de sus hijas, en defensa de la integridad de Laura y para que recibieran formación y la sabiduría de las cosas de Dios.
Feb 1900
El 14 de febrero de 1900 comienza una vida feliz para las dos niñas ya que son aceptadas como pupilas, en un lugar extremadamente pobre pero rico en afecto y vida de familia. 
En este “colegio de la misión”, Laura, elige un confesor estable; encuentra a Merceditas su amiga del alma y a un joven religioso, Félix Ortiz, su confidente de las cosas de Dios. 
Toma como modelo a Domingo Savio y llega a cumplir con fidelidad las virtudes cristianas.
Es con las Hijas de María Auxiliadora con quienes comparte la pobreza y la alegría e inicia un camino en el cual va descubriendo el mensaje evangélico.
El ambiente educativo del colegio de la misión le ofrece la espiritualidad de la época unida al ambiente parroquial de amistad y confianza que hacen fecundo un clima de vivencia del carisma salesiano de alegría serena y maternidad.
En este proceso humano movida por la gracia de Dios, Laura encuentra sentido a su vida. En las clases de catequesis descubre la situación de esclavitud de su madre y ya no puede vivir tranquila puesto que el sufrimiento constante de su mamá la hiere profundamente, ella busca por todos lo medios persuadirla a que se desprenda de esa situación de pecado, pero no logra convencerla. 
No había cumplido once años cuando decide entregar a Dios lo que le resta. Su vida y en un acto sublime se ofrece “toda” para lograr la conversión de su mamá y su regreso a Dios.
Era el día de la liturgia del Buen Pastor y ella dice a su confesor: “Si el Buen Pastor dio la vida por el rebaño, ¿por qué no podré yo dar la vida por mi madre?”
1902- 1903
Laura, encuentra sentido a todos los sufrimientos que se acrecentaban con su enfermedad, todo lo pone en manos de Dios, llenándolos de esperanza para que su mamá tenga Paz. Le pide al Padre que su sufrimiento sea útil.
1904
Laura, sobreponiéndose a la impresión que experimenta por el dolor de la madre dijo con voz entrecortada llena de amor y ternura... 
“Sí mamá, yo voy a morir, yo misma le he pedido a Jesús...Van a ser casi dos años que le ofrecí a El mi vida por Usted para alcanzar la gracia que se convierta a Dios... ¡Ah, mamá! ¿No tendré la dicha de verla arrepentida?”.
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