El Padre Meinrado ha publicado más de veinte libros y estudiado la lengua mapuche. Se ha especializado en la tribu de los Coliqueo, que se asentaron en la región y ha organizado también el Museo Regional, muy visitado por los turistas que pasan por la zona. Pudimos disfrutar también de una visita guiada en el mismo Museo y admirar los objetos que recuerdan la presencia de la tribu en el lugar y también la de los primeros pobladores.
¿Cómo surge en usted la inquietud por estudiar los pueblos originarios?
Cuando llegamos a la Argentina para fundar el monasterio, me di cuenta de que tenía que conocer a fondo el lugar adonde habíamos llegado, donde estaba viviendo. Me dijeron que aquí había estado la tribu de los Coliqueo, pero nada más que eso. La gente de aquí –los blancos- no conocían nada de su historia. Entonces me dije: “Esto no puede ser”. Y empecé a investigar. Por suerte todavía quedaban y quedan descendientes de los Coliqueo y pude hablar con ellos, que tenían la “memoria oral”. Y luego fue muy importante dar con las Memorias de Urquiza, que contienen muchos datos interesantes, por lo que me preocupé que se editara.
¿Y entonces empezó a hurgar también en archivos y bibliotecas?
Así es. Y también descubrí en el archivo de Estanislao Zeballos, las Memorias del ex cautivo Santiago Abendaño y las pude publicar. Éste fue un hallazgo importantísimo, porque trae noticias y datos de primera mano para conocer las costumbres y hábitos, la cultura de ranqueles y mapuches. Además, tiene también varias referencias históricas. Y es toda una aventura su fuga, como chico de 15 años de la tribu donde estaba cautivo.
¿Cómo fue que se radicaron los Coliqueo en la zona?
Bueno, ellos eran de origen boroga, los primeros venidos de Chile. Consiguieron que aquí les dieran estas tierras, en el campo que se llamaba de “la tapera de Díaz”, porque aquí había lagunas y agua en abundancia, que ellos necesitaban para todos los quehaceres de la vida: cocinar, asearse, para el ganado, agricultura, etc. Cuando nosotros llegamos quedaban los restos de la tribu. Ya no tenían cacique, pero había varios capitanejos y familias indígenas.
¿Pudieron conservar las tierras?
Y no. Actualmente puede ser que alguno tenga algo de tierra. Pero éste ha sido un problema general en el trato del blanco con el indígena. No les daban las tierras. No querían dárselas, porque si algo sobraba en aquellos tiempos eran tierras. Y ellos, en algunos casos, eran los ocupantes originarios, natos. En otros casos, los venidos de Chile, podían ser considerados inmigrantes. A otros inmigrantes les daban tierras, a los indios no. Y después de todo: ¿quiénes eran los invasores? ¿Los que iban corriendo las fronteras? ¿Los que hacían pactos que nunca cumplían? Los blancos. Y ellos son los que tienen monumentos, gratificaciones, tierras, que no merecen. Y todavía aparecen como los grandes patriotas.
¿Ellos también aprendieron a cultivar la tierra?
Algunos ya eran agricultores, tenían el hábito de la agricultura, otros aprendieron. Sembraban con arado de mancera maíz y otras hortalizas, lástima que a veces les faltaban las semillas. También tenían gallinas. Algunos caciques tenían verdaderas estancias, con marca registrada (mientras pudieron) con caballos de un solo pelo y rebaños de ovejas seleccionadas.
¿Y cómo surge el Museo?
En la década del cincuenta comenzamos con el Museo que, al principio, funcionaba en una sala chiquita. La gente nos fue trayendo cosas y fuimos creciendo. Ahora hace ya varios años que estamos en el nuevo edificio. Es muy visitado y cada tanto nos siguen llegando cosas.
Padre Ricardo Noceti