El aporte de la Iglesia a la Nación

Qué dice la historia

La Iglesia estuvo presente desde el inicio de la patria. No solamente a través de los numerosos misioneros y religiosos que, desde la época de la Colonia recorrían la geografía del país, evangelizando a blancos e indígenas.

También en los hechos políticos que llevaron a la independencia:

-        En el cabildo del 22 de mayo, en el que se echaron las bases para el 25 participaron 25 eclesiásticos.

-        En la Primera Junta del 25 de mayo, estaba presente formando parte de ella el sacerdote Rafael Alberti, además de los laicos católicos. Como lo testimonian fuentes de la época, la inmensa mayoría del clero e incluso los religiosos adherían al “partido de la independencia”.

-        En el Congreso de Tucumán de 1816, donde se firmó y juró el acta de independencia, de los veintinueve delegados, once eran sacerdotes.

   Prosiguiendo con los hechos fundantes de la nacionalidad, podemos destacar la gran importancia de Fray Mamerto Esquiú, en el sermón del 9 de julio de 1853, para que se aceptara la nueva Constitución.

   Pero no solamente los clérigos fueron protagonistas. Como sabemos varios próceres eran militantes católicos de primera línea como Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, José de San Martín, Manuel Dorrego, Martín Güemes y muchos otros.

 

El trabajo silencioso

   De todos modos, además de las grandes figuras y los grandes hechos, está sobre todo la labor callada y silenciosa pero tan valiosa en medio del pueblo, de las congregaciones religiosas y de tantos cristianos que colaboraron activamente poniendo su granito de arena para construir el país. Podemos citar la intensa tarea de los dominicos, los jesuitas en las Reducciones y Universidades, los franciscanos en la evangelización del norte, la fundación de hospitales y su atención por parte de las congregaciones hospitalarias, el aporte dado en el campo de la educación por las órdenes dedicadas a ella, la labor de los salesianos en la Patagonia, las instituciones sociales o de beneficencia.

   Deberíamos añadir que, sobre todo en los primeros tiempos, muchos sacerdotes participaron activamente en la vida política del país, como diputados, intendentes o en otros cargos de gobierno.

   En el campo de la cultura también la Iglesia dio un aporte invalorable y no sólo en el campo de la educación. De sus filas salieron innumerables escritores, artistas, científicos, historiadores, médicos, profesionales varios que sirvieron a la causa del país de diferentes  maneras.

 

Los valores

   Pero tal vez lo más importante de su contribución estuvo en el campo de los valores que, a través de la evangelización y la catequesis, se iban sembrando en el corazón de los habitantes de este suelo:

-        Ante todo la fe, que fue formando el sustrato católico de base que hoy se sigue manifestando sobre todo en la piedad popular y en las concentraciones multitudinarias de fieles como las peregrinaciones a los santuarios.

-        La valoración del trabajo, en todas sus formas (intelectuales y manuales), tan necesario para la construcción de la nación, donde todo estaba por hacerse.

-        El sentido del sacrificio que llevó a tantas personas a arriesgar o a dar su vida por la causa del país, tanto en las batallas, cuanto en la entrega diaria y silenciosa a su misión.

-        La solidaridad, que debía revelarse no sólo en las situaciones de catástrofe o de emergencia nacional, sino en la asistencia a los sectores marginales o empobrecidos de la sociedad y la promoción humana, a través de diversas iniciativas.

-        La vocación al diálogo y a la paz, tan importante en un país donde, por momentos, reinó la anarquía, se produjeron hechos violentos e incluso se desataron verdaderas guerras civiles.

   Estos valores fueron encarnados de manera sencilla, pero muchas veces también heroica por muchos hombres y mujeres que hoy continúan brindando su aporte para el bienestar de todos.

   No han faltado en nuestra historia como Iglesia también omisiones y errores. Estas “sombras”, que todos lamentamos, nos tienen que ayudar para purificarnos y trabajar con más entereza y fidelidad al Evangelio en el futuro.

 
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