¿Qué proyecto de país soñamos?
 A lo largo de 200 años de historia nacional supimos conseguir lo que hoy somos: una nación autónoma, de más de 33 millones de argentinos libres, regidos por una Constitución, con un sistema republicano de gobierno y políticos que nos representan…  En esta entrega reflexionaremos sobre los primeros 100 años de historia patria.

   Las charlas de mates lavados son críticas y quejosas… porque así somos un poco los argentinos, pero lo conseguido no es peor de lo que estaba ni tampoco “vino de arriba”: fue construido por hombres y mujeres que soñaron un país libre y democrático, regido por leyes igualitarias, a quienes no les fue fácil ni indiferente una idea o la otra: muchos dieron su vida, su comodidad, sus esfuerzos por estas construcciones. Doscientos años después se trata de ser agradecidos con el pasado para ser protagonistas y creativos con el futuro… 

   Hasta el 24 de mayo de 1810 la bandera que flameaba en Buenos Aires era la española. Las autoridades eran españolas, (de hecho conservamos el idioma y sus costumbres), comerciábamos exclusivamente con España y de ellos dependíamos política y económicamente. Hubo hombres como Mariano Moreno, Juan José Castelli, Manuel Belgrano y Don José de San Martín que se animaron a implementar aquí las ideas que habían surgido en Francia: que cada pueblo puede gobernarse por sí mismo, eligiendo a sus representantes, dividiendo el poder para no caer en abusos y educando al pueblo. Mariano Moreno escribió:

   “Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía.”

   Esto hicieron en Buenos Aires, liberarnos de “la tiranía”; y tan convencidos estaban que llevaron la revolución a toda Sudamérica: Belgrano peleó en Paraguay, San Martín liberó Chile y Perú, Castelli en el norte Argentino, Artigas en lo que hoy es Uruguay, Bolívar en lo que hoy es Venezuela, Colombia y Ecuador.

   Estas guerras fueron liberadoras del poderío español y fueron heroicas. El mismo San Martín cruzó los Andes en una camilla, enfermo y mal alimentado. Estos actos de entrega no se realizan sin tener un objetivo grande que cumplir, una razón por la que luchar. Él mismo decía, los últimos años de su vida militar:

   “He convocado al Congreso para presentar ante él mi renuncia y retirarme a la vida privada con la satisfacción de haber puesto a la causa de la libertad toda la honradez de mi espíritu y la convicción de mi patriotismo. Dios, los hombres y la historia juzgarán mis actos públicos.”

   Pero luego de la libertad no hubo una forma de país que nos uniera, un proyecto acordado para organizarnos y durante más de 4 décadas las Provincias Unidas del Río de la Plata fueron unidas sólo por pactos interprovinciales, sin un gobierno central, sin una dirección conjunta, sin un objetivo que dirija las acciones.

   Los Unitarios querían un país centralizado en Buenos Aires, con una cabeza fuerte y un cuerpo que respondiera a sus intereses, querían un poder central con facultad para nombrar a los gobernadores y un puerto único en Buenos Aires que cobrara los derechos comerciales y decidiera el destino de los mismos. Los Federales querían un país con cada provincia en pie de igualdad, con un gobierno central articulador y gobernadores elegidos por el pueblo, con una Aduana Nacional, no dependiente de Buenos Aires, cuyos fondos se dividieran para beneficio de toda la nación.

   Justo José de Urquiza fue quien logró reunir un Congreso, en San Nicolás y redactar una Constitución Nacional que dijera en 1853 lo que hoy somos: LA REPÚBLICA FEDERAL ARGENTINA. Las Provincias Unidas se habían transformado en un país con división de poderes (eso significa que sea republicano) y con cada provincia en pie de igualdad (esto significa que sea federal).

   En ese momento Buenos Aires no adhirió a la Constitución sino hasta años después, en 1862, cuando Bartolomé Mitre asumió como primer presidente del país unificado y constitucional. En esa coyuntura, junto con Sarmiento y Avellaneda intentaron unificar al país en costumbres, idiosincrasia, símbolos, educación, cultura y territorios. Por eso crearon tantas escuelas “normales”: para establecer normas, reglas comunes a toda la población y Mitre escribió la primera historia nacional para darnos una idea del pasado común.

   La unificación del territorio merece un capítulo aparte: “Conquistar el desierto” es un período triste de nuestra historia nacional, ¡no era un desierto! ¡Si estaba poblado de miles de aborígenes que bien podrían haber sido integrados pacíficamente a un proyecto común! Pero fueron exterminados y confinados por la generación del 80 que prefirió el avance del ferrocarril y del capital inglés. Avellaneda, Roca y Juárez Celman (entre otros) vendieron tierras a los generales y estancieros y creyeron que eso merecía el exterminio de esta parte de nuestra población a la que aún le adeudamos el reconocimiento de sus tierras y derechos.

   Así se llegó al primer centenario… 1910 se festejó con pompas y visitas europeas, con hombres de galeras y monumentos de estilo francés.

   En el próximo número estudiaremos el último centenario. Lleno de nombres, de sueños, de acciones, de ideas que hicieron la historia.

Pamela Alarcón


 
Suscripción Anular suscripción