| Habría muchas otras
cosas que reformar y poner al día; pero esto se irá haciendo
con el aumento de personal. Ahí está, por ejemplo, la
contabilidad.
Por fortuna vosotros (y lo dijo
sonriendo)
sois todos unos hombres de bien, y en vez de llevaros, traéis
a la Congregación lo que tenéis.
“Con el tiempo, se hace necesario
que se lleve la contabilidad con precisión, si se quieren prevenir
inconvenientes para el futuro”.
Esto es como un testamento,
que dejo a los directores de las casas. Si se practican estos avisos, yo
muero tranquilo, pues estoy seguro de que nuestra Sociedad ciertamente
será bendecida por el Señor y, cada vez más floreciente,
alcanzará su fin, que es la mayor gloria de Dios y la salvación
de las almas.
¿Cómo olvidar
estas sapientísimas enseñanzas? La práctica
de este Testamento paterno es el único medio para hacer florecer
nuestras casas, su espíritu, y vivir la vida de familia, que quería
fuese su nota característica...
...Hazte querer
más que temer.
...Haz siempre
una breve elevación del corazón a Dios antes de deliberar.
...La bondad
y la cortesía sean siempre tus virtudes características cara
a los de dentro y cara a los de fuera.
...Procura darte
a conocer por los alumnos y conocerlos pasando con ellos todo el tiempo
disponible.
...Confíense
a otros los papeles odiosos y disciplinares.
...Procura secundar
las inclinaciones de cada uno, confiándoles preferiblemente los
cargos que se sabe son de su mayor agrado.
...Cuando recibes
un informe, óyelo todo, pero procura aclarar los hechos y oír
a las partes antes de juzgar.
...Hágase
economía en todo, pero de modo que a los enfermos no les falte nada
en absoluto.
...Aborrece
como veneno las modificaciones de las Reglas. Lo mejor es enemigo de lo
bueno...
¡Con este programa toda
comunidad religiosa formará un solo corazón y una sola alma
con el propio superior!
Como explicación y complemento
de los Recuerdos se formularon unas Normas, recogidas en las Conferencias
generales a medida que se sugerían. Así aparecen en un primer
manuscrito. Y fueron coordinadas y corregidas después por el mismo
don Miguel Rúa, según se ve en la copia de los Recuerdos,
del «día de san José del año 1876». |